martes, 12 de noviembre de 2013

Hermenéutica del texto "El Buen Samaritano"


TEXTO

    Un hombre judío estaba haciendo el viaje desde Jerusalén hacia Jericó. En el camino fue asaltado por unos hombres quienes les robaron su ropa, lo golpearon y lo dejaron casi muerto.

     Un sacerdote también iba de viaje por este camino y al ver al hombre herido, cruzó al otro lado de la calle y siguió sin ofrecer ayuda. Un levita también pasó por ahí pero al igual que el sacerdote, cruzó la calle y se fue sin ayudarlo.

     Después pasó un hombre de Samaria, un pueblo despreciado por los judíos. El samaritano vio al hombre y se compadeció de él. Tomó vino y aceite para limpiar sus heridas y después de haberlo vendado, lo montó en su cabalgadura y llevó a un alojamiento donde pasó la noche cuidándolo. Al siguiente día el samaritano le pagó al dueño de aquel lugar dos monedas de plata para que cuidara del judío y le dijo que si hubiera gastos adicionales le pagaría el resto la próxima vez que estuviera en el área.

    Al terminar la parábola Jesús pregunto: ¿Cuáles de estos tres hombres fue el prójimo del judío? El experto en la ley respondió, "El que mostró misericordia". Jesús entonces dijo: "Si, vayan y hagan ustedes lo mismo."
Lc 10, 25-37 .

PALABRAS CLAVES

  • Comprensión
  • Interpretación
  • Fe
  • Verdad
  • Razón
  • Lenguaje
  • Contexto
  • Historia
  • C. hermenéutico
  • Exégesis
  • Revelación
  • Ser
APLICACIÓN

     La parábola del relato del Buen Samaritano es un pasaje del Evangelio de San Lucas. Como su nombre lo indica, está expresada en un lenguaje metafórico, narrativo y comparativo. Es la respuesta a una pregunta que le hicieron acerca de los mandamientos. Frente a la pregunta que le hacen a Jesús de ¿quién es mi prójimo?, él responde con la parábola del Buen Samaritano. Jesús se vale de esta pre-comprensión, para contrastar con la verdadera bondad del cristiano. Encontramos en el relato una enseñanza moral, de cómo personas diferentes y en conflicto pueden ayudarse mutuamente y expresar el amor por los demás. El lenguaje en  que se nos comunica la parábola puede ser razonando y analizando, para lectores contemporáneos como nosotros, quienes tenemos conocimientos y compartimos un conjunto de creencias y pensamientos del texto citado, en tanto la razón es una ayuda para reafirmar la fe en los valores cristianos.

    La primera persona que pasó por ahí fue un sacerdote, de quien se podía esperar que hicieran el bien, pero él pensó que estaba muerto y no quiso tocarlo para no contaminarse. Era para él más  importante la ley, que el malherido.
    
    El Levita era asistente en el templo. Aparentemente el servir para este levita no incluía ayudar a los demás. Seguramente el asistente del templo también tenía varias reglas que seguir y similar al sacerdote las puso por encima de las necesidades de este hombre que era judío como él. Los judíos se consideraban puros delante de Dios y su odio hacia los samaritanos se basa en que este grupo, también judíos, se casaban y mezclaban con gentiles. Los judíos consideraban abominable el estilo de vida de los samaritanos. Podemos aprender mucho con la intención de Jesús en hacer héroe a un samaritano. 

RESULTADO


    Cuando el samaritano vio al judío, solo supo ver su humanidad. El vio a un hombre que estaba en un estado crítico y en necesidad de ayuda. No había tiempo para contemplar las diferencias entre ellos, las heridas que sus culturas habían causado, y si sufriría consecuencias por asociarse con alguien considerado como su enemigo. La compasión del samaritano sobrepasó el qué dirán y los prejuicios basados en  sus creencias religiosas.

    Es un texto bíblico del Evangelio de San Lucas, con el propósito de   inculcarnos el amor por el otro, la solidaridad y la ayuda, inclusive al enemigo o ser diferente, como premisa cristiana.La enseñanza para hoy es la insistencia en la universalidad del amor en virtud de una adherencia a la doctrina predicada por Jesús de Nazaret y cumplida por el apóstol. La compasión, cuando tiene raíz en el amor de Dios, no hace cálculos y rompe con los prejuicios. Para hacer el bien a los demás como lo hizo el buen samaritano,  hay que sentirse en primer lugar necesitado de los otros. 

                                                       M. Esmeria Cabrera
                                                               S. de. J

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